16 julio, 2017



summer reflection



















Vuelvo al blog a refugiarme y a reflexionar de forma escrita por miedo a que se me vaya este estado con el que os cuento. Va a cerrarse un círculo que comenzará de nuevo con más ganas y más ánimos que cómo empezó el anterior. Con miedo quitados pero con nuevos proyectos que aún no están en el tintero y ya quieren ser escritos. Millones de mariposas que piden baladas con sus alas rozándome las orejas y dentro de mi barriga tratan de crear un nido. No tengo adjetivos en mi diccionario que puedan describir este círculo que como sabéis comenzó cuando ese idiota cogió su primer bus solo y viajó a Madrid por primera vez. Con su mochilita, sus calcetines altos, sus dudas, sus miedos y sus sueños. Sueños que se tambalearon tantas veces en todas aquellas primeras ocasiones que estuvo a punto de renunciar, volver a casa, volver a sus raíces, a su zona de confort. 
Me hace gracia eso, la zona del confort, hace tiempo, años, que llevo intentando trazar la mía y resulta que no puedo. También os digo que la calma se añora. No tengo zonas de confort pero tengo pilares de estabilidad, pilares que me dan la alegría de los atardeceres en esta ciudad, pilares que viajan en visitas fugaces y que me dejan extasiado de felicidad. Simultáneamente, noticias que me retuercen el estómago, nervios, cansancio, trabajo pero de nuevo reconfortarme.  De pronto siento como que me queda hacer cuenta, medir los gastos y los beneficios de este año y os digo que casi todo son sumas y hay muy pocas restas. Como el que creí que sería mi primer amor en esta ciudad de corazones que van con demasiada prisa como para mirarse a los ojos, o la vez que casi se me para el corazón en un cuartel de la guardia civil. También la vez que llamé a mi madre llorando diciendo que quería volver, que lo quería dejar todo, o hoy que la llamé y sin saberlo por dentro quería darle las gracias por haberme abierto las alas. El otro día un par de vasos de sidra hicieron que se me escapase una frase muy bonita: yo no te doy alas porque esas ya las tienes tú, yo solo te dejo que las abras. Muchas veces necesitamos eso, un empujón, que nos abran las alas, que nos ayuden en los atascos y nos saquen de los baches que nos pone el camino. Agobios que casi me llevan a dejar una de mis pasiones y de lo que me ha salvado la vida en esta ciudad del arte, esta ciudad en la que un día actúas en un teatro a 45 grados y al día siguiente, por suerte, en La Latina. Momentos que viajan a Lisboa, cervezas en un castillo de Toledo, lágrimas en frente de un público que aplaude a un humilde grupo de teatro que solo cobra con amor y sonrisas. Amigos que se convierten en familia en una casa perdida de la Sierra, anda qué no habrán visto esas montañas desde ese punto de vista en el que Madrid son millones de habitaciones iluminadas de soñadores que han venido a lucharse un futuro. Luchar con Madrid, que se hace la dura al principio, que es cuesta y que cuesta. 
Nos ha amanecido en tantas plazas de esta ciudad cerveza en mano que no puedo contarlas porque de alguna tengo perdida la cuenta. No he tenido otra que abrirle a mi corazón un nuevo departamento casi más grande que mi humilde hogar aquí para meter a todas esas personas que sin quererlo me han hecho que me quede mirándoles con una sonrisa en la cara. Cómo Andalucía ya me tiene enamorado sin haberla visitado aún, cómo me enamoré a primera vista de Cristina, cómo las casualidades han hecho que hayamos vivido juntos, eh chicos. Cómo el primer día que pisé Madrid por mi cuenta se alinearan los astros para encontrarme con vosotros. Gracias por pararme los pies, enseñarme, dejarme aprender por mi cuenta, por esos consejos y por discutir camino a casa y despedirnos con un abrazo más verdadero que mi pelo durante este último año. El pobre ha sufrido todas mis ganas de cortar con el pasado, pero al final crece y vuelve a como estaba antes. Es una metáfora muy bonita, no se puede cortar con aquello que había antes, no se puede terminar etapas sino continuar escribiendo este libro que no termina por decisión propia. 
A todas las personas que Madrid me ha dado, a todos los momentos, a los que han sido fugaces pero que encontraré en Gran Vía, a ese intento de primer amor que veré por Malasaña, a mis errores en esta ciudad que tiro al fondo del estanque del Retiro. A mí, que me lo merezco, que he luchado, que he llorado, me he agotado, de verdad, me he agotado por sacar este sueño adelante. 
A las personas que sin nombrar saben que han entrado fuerte este año en mi vida y que les pediría que se quedaran por muchos más. A esas cervezas después de actuar, a esas sonrisas por las mañanas en la universidad, a esas fiestas de las que me faltan trozos, a David que fue el primer hogar que tuve en Madrid, gracias por hacerme sentir que estás ahí desde el principio. A vosotros, chicos, por todo lo que nos depara. A quienes echo de menos, a mi tierra y mi gente. 
Y por último, a Madrid.  



23 junio, 2017



· WRITER IN THE DARK ·







tee - alliexpress
rest - vintage

   

16 mayo, 2017


· no vuelvas a entrar·

cuando veas que está oscuro entra
cuando amanezcamos entra
cuando tiemble entra
cuando te pida que no
no vuelvas a entrar







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Vuelvo con tantas cosas que contaros y tantas otras que no puedo contaros que me encanta. Estoy feliz en este punto de mi vida. Sin tiempo de nada, casi ni para hacerme fotos en ningún momento, aún así feliz. Voy a volver mucho por aquí y regresaré a tomar esto más en serio. 

the fashion sailor