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21 septiembre, 2016


THE FASHION SAILOR FEAT. 
NOT A KID ANYMORE











total look - pull and bear
accesories-  DIY

   Me he despertado con la fe y la certeza de cada vez nos movemos en búsqueda de un mundo ágil, voraz y terrible en el que si no te comes al resto te comen a ti. 'Ya lo sabemos' me diréis. Quizá esta reflexión venga después de leer alguno de los comentarios que personas me dejan en las redes sociales. Creo que me conocéis ya bastante, sabéis cuáles han sido mis idas y venidas en estos años, y tenéis idea de por dónde me paso esos comentarios. Sabía de algún modo que a medida que crecía en las redes sociales me exponía tanto a las buenas críticas y a los elogios, y también me daba cuenta que comentarios de odio sin humor ni una pizca de constructivismo iban a aparecer a raudales en mis publicaciones. Pero yo planteo la pregunta, ¿es lícito que tu libertad de comentar lo que te plazca a un personaje que publica cosas de su vida hiera a otras personas? Me cuestiono a menudo hasta dónde llega la libertad de una persona y donde su libertad coarta las libertades de las personas que le rodean. En este apartado tendríamos que pensar en el tipo de leyes morales, jurídicas y religiosas, en caso de que las hubiera, que regulan el comportamiento de una persona. Quizá hablar de moral en un mundo en el que la gente se dedica a publicar comentarios de odio tras una máscara que produce el anonimato esté fuera de lugar. Mas yo pienso, ¿qué necesidad hay? A lo mejor hay personas con vidas muy aburridas que tienen que hacer ese tipo de cosas para alegrar su propio día, en ese caso, me daría muchísima pena que su único móvil en la vida fuera entrometerse en la del resto. Denotaría que una persona, para mí sentido de ver la inteligencia como forma de moverse en el mundo y de querer aprender a aprender, no es para nada inteligente. También recaigo una y otra vez en la idea de cuanto más libre es una persona menos lo son los de su al rededor. Se forma este círculo vicioso que no acaba yendo a ningún lado, que se provoca por el egoísmo de una persona. Como os decía, puedes hacer lo que te plazca sin entrometerte en la libertad de otra persona. Mi libertad para pesar lo que me de la gana, mi libertad de hacer y decir lo que quiera, siempre y cuando mis comentarios no hieran a terceros y, por último, mi libertad de poder reírme de mí mismo. Este último punto, reírse de uno mismo, me parece esencial a la hora de hablar de libertad. Pues haber los hay que consideran este un motivo que da alas a introducirse a la mofa. Cuando, a mí parecer, no es así. 
Ojalá algún día comprendamos que la moral y la filosofía tiene tanto que ver en la vida humana como el respirar todos los días y que al igual que este último, hay que ejercitarlas mucho más. Un saludo, os quiere,

the fashion sailor

29 agosto, 2016


· 90'S KIDS ·

Pero ahí estaremos dispuestas a coger nuestro trozo de pastel. 
Oye, que nadie va a ganarnos a salvajes, 
Será una caravana en el desierto. 
Y saldrá de nuestra flaqueza, energía que no teníamos. 

No pararemos a dormir, bailarás, mi rubia, para mí. 
Hoy has vuelto a salvarme la vida y tú sin enterarte, sin enterarte tú, 
Sin enterarte tú. 
Caída libre. 






photography: @burninglow_
total look - Pull and Bear
accesories - vintage
  Que no haya subido vídeo esta semana por problemas anímicos, o por la resaca tan grande que tuve el domingo, me ha hecho dando cuenta de lo cometido que estoy a la causa de empeñarme cada semana en traeros nuevo material. Siempre intentando seguir en esa onda a la que llaman algunos y pese a que semana tras semana intento innovar, a menudo se hace cuesta arriba la forma en la que quizá otros tienen caminos muchos más fáciles que el mío. No quiero llamar a los celos a este juicio en el que nadie les ha dado la palabra. Pero a menudo me encuentro trabajando en lo que voy a hacer lo siguiente y de pronto veo como mi esfuerzo muchas veces no se ve reconocido. No quiero la fama ni el dinero de Pelayo Díaz, por ejemplo, o no aún. Simplemente digo que a veces la vida nos hace esperar demasiado, me he convertido en una de esas chicas que esperan en el baile de promoción a que alguien las saque a bailar y por más que me contoneo desde mi silla, siento dentro de mí que se hará de día, los chicos más apuestos se irán a casa y yo tendré que llamar a un taxi por mi cuenta. Y creedme que esa noche me hubiera puesto mis mejores galas, me hubiera hecho yo misma el vestido y caminado hasta algún High School americano con mi ramillete de flores en la muñeca queriendo decirle a alguien 'hey, mira, lo he hecho yo' pero de pronto nadie entiende el trabajo que conlleva hacer un buen vestido, hacer el patrón y conseguir día tras día coser un poco de ese traje. Muchas veces, ya os he dicho, pienso que igual no estoy haciendo el vestido correcto, que me equivoco, que no debería de asistir a ese estúpido baile de promoción, ¿promoción de qué? Lo que me revienta es ver como otra chica norteamericana cuyos padres tienen bastante más influencia que los míos, se codea con lujosos avances, se encuentra en su camino con tan solo flores y risas, y por supuesto, lleva un vestido que a todos parece gustar más que el mío. El suyo lo han hecho muchas personas que ni si quiera llevan ese reconocimiento, o lo ha pagado con una gran cantidad de dinero, o peor: se lo habrán regalado.
La vida es esa ruleta caprichosa que tarde o temprano nos pone a todos en su lugar, quizá yo hubiera preferido más el temprano que el tarde, pero, ¿qué le vamos a hacer? ¡¿Qué se supone que tengo que hacer?! ¿Ponerle más brillos a mi vestido? ¿Enseñar más carne que el resto? ¿Arrodillarme en el despacho del director? O, ¿seguir trabajando en mi vestido a pesar de que no se lleve el mérito que yo creo que merece? ¿Quién sabe? Cuan caprichosa es esta vida.


the fashion sailor