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12 septiembre, 2017


a la Antártida a bailar









Por todos los caminos que se cierran con piedras, ramas y bichos. Por conocernos una noche, por besarnos al instante, por creer que nos casaba la luna, porque no hemos vuelto hablar desde entonces. Por todos los te quiero que no se dicen por vergüenza. Por las historias que nos hacemos mirando las ventanas, porque si te digo que caminemos, caminas. Porque una y otra vez me pongo igual de nervioso. Porque me has decepcionado, por escribirte en un papel las veces que recibí silencios como respuesta. Por esas nubes que entran en mi cuarto algunos días, tapando todas las luces y dejando solo la pantalla del móvil para ver. Por el miedo a lo que viene y por las ganas de lo que ya está. Por volver a casa, porque este aún no es mi hogar. Por sentirme extraño en ninguna parte. Por todas las veces que confundimos un avión con una estrella fugaz y le pedimos un deseo al infinito sin saber que era un piloto nuestro genio. Por la magia que creamos en aquel roce. Por todas las catástrofes que harían nuestros pulsos bajo unas sábanas. Por despertarte con olor a chocolate, por dormirte con sabor a velas encendidas. Por lo que no me das y por lo que me quitas. Por mí. Por esa forma tan tonta que tienes de sonreír. Por desafiar a mi "nunca besaré labios que hayan probado el tabaco". Por ganar juntos, por viajar, por mojarnos los pies en casualidades. Porque perderemos el sur pero nunca perderemos el norte. Por la misma canción repitiéndose en mi cabeza durante horas, por mis dedos que tocan la guitarra como si te tocaran a ti. Por mi tacto que te busca cuando siente frío. Por este inconsciente que te sueña, que te ríe de lejos, que te busca entre las paredes del baño. Por la incertidumbre constante, por esa montaña rusa a la que llamamos ánimos. Por la luna que es mi compañera cuando vuelvo a casa. Por mis monólogos nocturnos. Por querer beberme las penas y ahogarlas en un lago de ginebra. Y por último, por todos los segundos que me sangran las ganas de apretarte contra el pecho.



the fashion sailor

28 diciembre, 2016


· ACEPTARSE ·









tee, jacket - primark     pants- pull and bear    trainers- vans
photography : @upinthehell
edit: me

  En la vida, en ocasiones, nos encontramos dando palos de ciego al rededor. Navegando entre un sin fin de complejos que nos nublan la vista cada vez que nos miramos al espejo. Creyendo que meter la barriga nos hace mejores y aparentar esos kilos de menos ayudará a nuestra imagen en el mundo. Posando siempre de perfil porque el frontal es muy duro y poniendo ropa ajustada para no parecer más grande. El mundo ya es lo suficientemente duro con nosotros como para que encima lo seamos más. Deberíamos de estar agradecidos durante todo el día de tener lo que disponemos al alcance de una mano. El amor no llega dependiendo de si has engordado o adelgazado más o menos estas Navidades. Las personas no te dejan de querer porque decidas tú mismo que esa ropa no te sienta bien. Vivimos, me incluyo por supuesto, en un mundo superficial en el que todo, hasta las tallas y los cuerpos son una moda. Modas que van y vienen, que cambian y que alternan. Caminamos por la vida sin saber que al final del día una sonrisa puede alegrarle la semana a alguien, ese momento de complicidad que dedicas al chico que te ha parecido guapo en el metro o a la chica que se sienta a tu lado en el autobus. Aceptarse a uno mismo, al fin y al cabo, es quererse, darse cuenta de sus defectos y quererlos porque sin ellos todos seríamos iguales. La diferencia, amigos, da el poder de destacar, nos hace llamativos y, a mi parecer, eso es positivo. Aceptarse conlleva tener la fuerza de mirarse todos los días al espejo y dedicarse una sonrisa, unas palabras aunque resuenen lejos y bajito en la mente. Quizá creemos círculos en nuestra cabeza. Quizá haya días grises de mentes nublosas y borrascas de pensamientos negativos que hacen que esquivemos nuestra imagen en el espejo. Que nos evitemos, que deseemos cambiar. Es normal. Es perfectamente normal. 
  En la vida hay que afrontar y confrontar las malas energías y transformarlas en palabras bonitas que se guardan una tras otra y van creando ese muro de contención que evita que los días grises ganen a los buenos días. Que dejen salir a la gana y paralice la desgana. Que te deje querer y quererte.

the fashion sailor

04 agosto, 2016



· THE MAN WHO SOLD THE WORLD ·

quizá fue el azar de tu piel combinando las ganas que tenía de lanzarme al mar
de tus metáforas y de las mías que estaban de camino
llegando a un destino que no existe o no se espera
corteza del árbol que le abraza aún sabiendo que su destino es caer 
caer y ser remplazada por otra más bonita pulcra nueva
al fin y al cabo es el juego de la vida y corazón
remplazar constantemente lo viejo y dejarlo a la arbitrariedad del futuro que viene
abandonar aunque desaparezca 
por lo que está por venir









pics: fashionsailor and upinthehell
pants, coat- pull and bear
rest- vintage

   El primer día de agosto, el primer día del invierno. Y no se equivocan los viejos refranes de señores que aparecen en el momento justo para comentar el tiempo y romper el hielo de ese silencio en una conversación que posiblemente debería de acabarse. Pero eso es lo que hacemos los humanos, alargar conversaciones con personas que no tienen nada que ver con nosotros con tal de aparentar mientras dejamos escapar entre los huecos de los dedos aquellas palabras ajenas que tanto echaremos de menos. Dejamos siempre ir a personas tan importantes porque creemos que no somos lo suficiente o que sin más creemos que, pese al dolor, no llegará a nada. Puede que jamás lo hiciese pero nuestro problema se basa en que no somos capaces de arriesgar, quizá no todos. Si algo sé de mí mismo es que siempre arriesgo en todo, menos con las personas. Quizá me hayan defraudado tanto alguna vez que es como si tuviese miedo a ir hasta el fin del mundo otra vez por alguien, porque sin más, no quiero volver a hacerlo. La vida más que consejos te da experiencia sobre lo que debes o no debes hacer. Quizá me equivoque y sea una reflexión más pesimista en un día nublado de agosto que no irá a ningún sitio, pero quizá es que esté tan harto de las personas, de decepciones que tengo miedo hasta de empezar de 0. 'Más vale malo conocido que bueno por conocer' entendí este refrán entrando ya en mis 18 años cuando, a pesar de muy corta, no os voy a mentir, repaso mi vida. Aunque no esté de acuerdo, si hay algo malo en tu vida lo mejor es largarlo, aunque no soy el mejor para dar ese consejo. Huir siempre está bien, enfrentarse a los problemas, pero si enfrentarse a ese problema conlleva un desgaste enorme, lo mejor es olvidar, salir, respirar, dejar atrás.

the fashion sailor